POLONIA

Lecciones históricas para la clase obrera
El Astillero Gdansk

Sin pretender realizar un exhaustivo análisis histórico de Polonia, después de transcurridas, prácticamente, dos décadas de la caída del bloque socialista y de la URSS, resulta a día de hoy evidente que el trágico devenir del pueblo polaco por los intrincados caminos del capitalismo, ha vuelto a confirmar, una vez más, la exactitud de los postulados defendidos por los comunistas desde la caída del muro antifascista.
Astillero Gdansk (1997)

 

Gdansk, es una ciudad costera polaca que cuenta con cerca de medio millón de habitantes, siendo la mayor ciudad portuaria de Polonia, situada en la costa sur del Golfo de Gdansk (Mar Báltico), y próxima a las vecinas ciudades de Gdynia y Sopot. Sobre la ribera izquierda del Martwa Wisła, en la Isla Ostrów, se abre camino el conocido Astillero rebautizado, desde 1989, con el mismo nombre que el de esta ciudad. La urbe de Gdansk es reconocida internacionalmente, como decimos, por albergar, desde 1945, a uno de los mayores Astilleros del Báltico; el antaño Astillero Lenin, más conocido actualmente como Astillero Gdansk (lo que queda de él, como veremos).                                                                                                        
      

Durante la existencia de la República Popular de Polonia (RPP), surgida tras finalizar la IIGM (después de la expulsión de las hordas nazis de territorio polaco), y destruida en 1989 tras el “golpe suave” anticomunista propiciado y dirigido por la clase dominante occidental, el Astillerofue conocido como Astillero Lenin.

Polonia siempre fue un punto geoestratégico para el imperialismo occidental, el puntal de lanza por donde se podía empezar a erosionar y liquidar la enorme influencia que ejercían tanto la URSS como los países adscritos al Bloque socialista, ya fuera en su vertiente económica (COMECON), como en su versión militar (Pacto de Varsovia, firmado en 1955 como respuesta a la creación de la OTAN).

Como decimos, Polonia era considerada una base “estable” para los planes del imperialismo occidental, la puerta de entrada para infiltrar los órganos vitales de las Democracias Populares, de cara a demoler a los regímenes socialistas al este de Europa. Y eso, se debía básicamente a dos cuestiones bien estudiadas por los criminales de cuello blanco del eje Washington-Bonn-Vaticano. Éstas eran; la cuestión nacional y la cuestión religiosa.

Respecto a la primera de las problemáticas, hay que decir que Polonia, históricamente, siempre adoleció de un gran conflicto interno “nacional”. Siempre fue un país “artificial”, en el sentido más literal de la palabra, situado en un delicado entorno geográfico, que propiciaba la ocupación aleatoria por los antaño poderosos imperios alemán y ruso. Digamos que rara vez, Polonia fue tal, sino más bien parte integrante de territorio prusiano-alemán, ruso, o incluso ambas cosas a la vez.
De hecho, cabe recordar en este punto, la encendida polémica desarrollada entre una de las mayores y más carismáticas revolucionarias polacas y el gran líder de la revolución bolchevique rusa, precisamente entorno a la cuestión nacional. Hablamos de aquella vorágine de cartas cruzadas entre Rosa Luxemburgo y Vladímir Ilich Lenin a inicios del S.XX, en pleno período prerrevolucionario en la Rusia zarista (1905-1917). La polémica surgió entorno al “radicalismo” de la espartaquista Rosa, que se oponía a las directrices emitidas por el entonces PSDOR, dirigido por Lenin.
Las directrices del PSDOR hablaban de pactos tácticos con la naciente burguesía polaca, pactos encaminados a defender el derecho de autodeterminación de Polonia respecto a la ocupación impuesta por el Imperio Ruso de los Romanov. Lenin, con una paciencia infinita, hacía ver a Rosa la necesidad de debilitar a la autocracia zarista en ese contexto histórico determinado, un contexto que situaba a los Romanov al borde del colapso, debido entre otras causas, al descrédito del monarca, a la derrota en la Guerra relámpago ruso-japonesa o a la advenimiento de la primera revolución rusa de 1905, qué fracasó. Si los revolucionarios querían talar el enorme bosque opresor (Romanov), la táctica prioritaria era apoyar a uno de sus nacientes árboles; la burguesía nacionalista polaca.
Se propugnaba, pues, por parte de la dirigencia bolchevique, una alianza táctica entre el, por aquel entonces, débil proletariado polaco con la naciente burguesía, a fin de agudizar las contradicciones internas del Imperio Ruso, dando un salto cualitativo que pudiera conducir hacia la estocada final al feudalismo en todos los pueblos que por aquél entonces se encontraban sometidos al despotismo del incapaz y criminal Nicolás II, alias “el sangriento”.
Rosa, tras agrias polémicas, acabó aceptando la justeza y la idoneidad de las premisas de Lenin, reconociendo su infantilismo izquierdista Acabó viendo claro, aunque su ortodoxo internacionalismo (su fiera oposición al nacionalismo polaco, le hacía olvidarse del gran nacionalismo ruso) y su proletarización extrema (que la enfrentaba a cualquier pacto temporal con cualquier tipo de burguesía, absolviendo por omisión a la caduca aristocracia rusa y a la oligarquía burguesa que la parasitaba, verdaderos amos de Polonia), le produjo cierta desconfianza en un inicio.
Como vemos, la cuestión nacional, venía de lejos.

En cuanto a la segunda cuestión, no haremos una recopilación intensiva de la espiritualidad metafísica del pueblo polaco, simplemente remarcar que desde la Edad Media,  el territorio polaco actual, quedó dominado bajo la férula de las altas jerarquías de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que logró acotar el avance de las diversas escisiones protestantes y ortodoxas, más propias y extendidas a los largo del Este Europeo. La influencia católica, como elemento desestabilizador y profundamente anticomunista, jugó un papel primordial en la lucha contra la República Popular de Polonia, y aún hoy es innegable su preponderancia en diversos sectores de las masas polacas.

Obviamente, el socialismo polaco no logró adecuar y resolver estas complejas problemáticas de forma eficiente, algo que contribuiría posteriormente, entre otras cosas, a la implosión de la RPP en 1989.

Pero volvamos al Astillero Gdansk. Hasta 1989, el Astillero Lenin daba trabajo a más de 20.000 obreros navales, que se dedicaban a la construcción y reparación de todo tipo de buques. La ratio salarial respecto a la dirección del Astillero era de 1:5 (si un obrero cobraba 1.000, su máximo superior ingresaba 5.000). El obrero polaco del Lenin, bajo régimen socialista, tenía consolidado el derecho al trabajo (8 horas como tope), que estaba asegurado de por vida. Además del abono mensual del salario, los obreros tenían asegurada de forma gratuita y universal, tanto para ellos como para sus familias, una serie de ventajas sociales que en Occidente, por aquellas fechas, ni se soñaban; la atención sanitaria en todas sus acepciones (tratamientos, curas, operaciones, balnearios, geriátricos…), la educación en todos sus grados (desde las guarderías infantiles hasta la universidad), amplias y diversas prestaciones sociales (vejez, incapacidad, maternidad, orfandad…), acceso a vivienda (que el Estado cedía en usufructo, cobrando un alquiler ridículo), acceso a una alimentación básica subvencionada por el Estado a precios bajísimos (canasta básica), acceso prácticamente gratuito a cualquier actividad cultural (ocio, deporte, teatros, cines, bibliotecas,…), acceso  a todo tipo de energías a precios subvencionados y por tanto bajísimos (agua, luz, gas…) etc.
Esta era la “cruel” situación en la que vivía el proletariado del Gdansk, como nos recordaba la servil y embustera “prensa libre” occidental, que ya preparaba el salvaje abordaje a Polonia.

Pero todo aquello empezó a cambiar a partir de 1980. En ese año, un electricista del Astillero Lenin, el fundamentalista católico Lech Walesa, financiado y formado en las peores escuelas del imperialismo occidental, organizó uno de los puntales anticomunistas con los que la clase dominante pretendía “iniciar la destrucción del comunismo”; al engendro “sindical” le llamaron Solidarnosc (“Solidaridad”). Apoyado por la burguesía occidental, concretamente por su poderosa Banca, y alimentado constantemente por el Estado Vaticano y los altavoces mediáticos capitalistas, pronto aquél engendro anticomunista echó a andar entre los astilleros polacos y la RPP.  Cabe destacar, en este punto, que por aquellas fechas (concretamente en 1978) ya había sido elegido un nuevo Papa entre la espuria curia vaticana; se trataba, para más INRI, de un Papa de nacionalidad polaca. Su nombre; Karol Wojtila, alias “Juan Pablo II” ( hay que recordar que al fugaz “Juan Pablo I” se lo cargaron los cardenalicios por “rojo”, Cosa Nostra mediante, claro está), rebautizado por sus más allegados colaboradores como “el Papa anticomunista”.

Por incapacidad de la RPP y del POUP, por incapacidad de una URSS ya decadente (producto de la infiltración anticomunista en el PCUS, véase Mijaíl Gorbachov o Boris Yeltsin), por debilidades internas y externas, por uno y mil motivos Solidarnosc avanzó rápidamente en Gdansk, extendiéndose posteriormente al resto de Polonia. Hay que remarcar, que los señores imperialistas y sus agencias secretas fueron realmente astutos, pues ya el simple nombrecito del “sindicato libre” llevaba a la confusión entre el propio proletariado polaco (de haberse llamado “Capitalismo”, la cosa hubiera sido distinta, sin duda). Por si fuera poco, los lemas de Walesa lanzados hasta 1989, eran de una vaguedad sutilmente calculada; qué si “socialismo democrático”, que si “mejorar el socialismo”, “libertad de expresión”…, el mecanismo de engatusamiento y enajenación de las masas estaba bien estudiado, y delataba como los cerebros del “golpe suave” habían estado trabajando desde hacía muchos años, atando todos los cabos sueltos. El objetivo estaba claro; “entrar por Polonia, el eslabón más débil del comunismo”, para finalmente demoler a la URSS sin más problemas.

Y así fue, en 1989 cayó la RPP, en 1990-1991 la URSS, la RDA y con ellos todo el bloque oriental, arrastrando a todo el sistema socialista vigente, para regocijo del imperialismo yanqui, europeo y japonés, que veían la oportunidad de hacer el último reparto del mundo, la anexión de nuevos y bastos “mercados” que de repente se abrían al este de Berlín. Lech Walesa fue encumbrado por la burguesía mundial, como símbolo de “luchador contra la tiranía comunista”, e incluso le dieron ¡el premio Nobel! (en honor a Alfred Nobel,  inventor de la dinamita). Y mientras eso ocurría, el Papa de Roma fue glorificado junto a especimenes de corte fascista como Ronald Reegan o Margaret Tatcher, sus más estrechos “colaboradores”.

Sin embargo, enseguida los polacos despertarían de aquel extraño sueño inducido, que acabó tornándose en una horrenda pesadilla. El pueblo fue engañado con sutiles cantos de sirena, desde cualquier rincón sonaban las dulces predicciones de los falsos profetas del capital; ¡”el paraíso capitalista os aguarda, la felicidad ha llegado”!...La flauta de Hamelín sonaba con fuerza, mientras los ratoncitos se dirigían, contentos y alegres, hacia el más colosal de los abismos.

Polonia cayó definitivamente bajo el dominio del FMI y el BM, convirtiéndose en una nueva colonia del imperialismo yanqui. Durante estas dos décadas de “paradisíaco” régimen capitalista, el pueblo polaco ha podido comprobar en sus carnes en que consistía aquella surrealista “liberación” capitalista. Las transnacionales occidentales entraron a sangre y fuego, las redes públicas de protección social se destruyeron por completo, siendo éstas privatizadas, el desempleo se disparó, la regulación laboral desapareció, las ratios salariales repuntaron hacia unos infames 1:30, mientras el hambre, la miseria y el crimen organizado se extendían por doquier. Miles de polacos se exiliaron, desesperados ante la cruda realidad del “sueño robado”.

Por si fuera poco, y ya en pleno siglo XXI, se procedió a realizar una infame caza de brujas al más puro estilo del senador, general y fascista yanqui Joseph  McCarthy. Se procedió a la persecución de más de 1 millón de polacos “sospechosos” de comunistas, prohibiéndose de facto el considerarse como tal, e incluso prohibiéndose cualquier muestra de simbología comunista.
La Polonia capitalista, bajo dictadura burguesa, se integró como miembro pleno de la UE  en 2004, y mucho antes, en 1998, ya lo había hecho como miembro de la OTAN, aún  no existiendo ya el “peligro” del Pacto de Varsovia, que había sido disuelto en 1991.
De hecho, actualmente, la sede central de la OTAN tiene como ciudad de referencia Varsovia, la capital administrativa de Polonia! Es más, la semifascista Polonia, junto a la no menos sometida República Checa, se ha convertido en el único país europeo dispuesto a arrodillarse pública y gustosamente ante  EEUU; fue Polonia la que se ofreció voluntaria para que el emperador George Walker Bush convirtiera una basta zona territorial polaca en una enorme base militar norteamericana, ubicando en ella cuantioso y sofisticado arsenal nuclear, amén de numerosas tropas atlánticas apuntando a la Federación Rusa. Toda una oda al militarismo fascista propio de la mal llamada “Guerra Fría”, que pone en serio riesgo la seguridad y el bienestar del propio pueblo polaco. Si no querías una taza, toma dos y calla.
Por otro lado, se institucionalizó una auténtica teocracia católica de forma tácita, que “liberada” de las limitaciones que imponía el Estado socialista polaco de antaño, no ha cesado en extender su dogmatismo sicótico entre las masas, al punto de llegar a perseguir a homosexuales, comunistas, inmigrantes y abortistas en pleno S. XXI. Un “paraíso” sí, pero rebosante de mierda, sin duda.
Hoy, en pleno 2009, Polonia se arrastra por el más nauseabundo de los suelos capitalistas, sufriendo con mayor dureza (tal como ocurre con Ucrania, Lituania, Georgia, Rumania…) la grave crisis estructural por la que discurre el senil y putrefacto sistema capitalista global.  He ahí el “sueño” que prometieron los aspirantes a Nostradamus en 1989; he ahí la pesadilla capitalista de la que nunca osaron hablar a los obreros del antiguo Lenin.

Como dicen algunos simpáticos anarquistas eslavos; “los comunistas no dijeron toda la verdad cuando hablaban del socialismo, pero no mintieron ni una sola vez al hablar del capitalismo

Pero, ¿Qué ocurrió con el Astillero Lenin de Gdansk, una vez demolido el Estado socialista polaco?

Veamos; Durante los inicios de la década de los 90, ya en plena restauración salvaje del capitalismo regenerado, el Astillero, como el resto del tejido productivo polaco, se vio seriamente afectado. Así las cosas, ya en el período 1990-1994 se inició una auténtica purga de obreros del ya rebautizado “Astillero Gdansk”. Más de 5.000 obreros fueron despedidos sin contemplaciones, dada la nueva lógica del beneficio impuesta en Polonia, una lógica que directa o indirectamente, de forma consciente o no, fue facilitada por esos mismos obreros-ratas que ahora eran lanzados como basura inservible al abismo del desempleo crónico, al abismo del río Weser, ahogados en su propia ignorancia.

Pronto el Astillero fue sometido a la dura competencia proveniente de los Astilleros del sudeste asiático. Ya en 1996, el Astillero polaco fue a la quiebra, y sólo pudo salvarse después de ser comprado por su contraparte del puerto de Gdynia. El Gdansk resultaba, de repente, ser una “instalación industrial improductiva”, para las “despiertas” mentes de la burguesía europea, representadas bajo las siglas de la UE. En 1997, es la propia UE la que plantea la necesidad urgente de “reconversión industrial”, mientras el goteo de despedidos no cesaba.
La “reconversión industrial”, término muy familiar para el golpeado proletariado occidental, no significaba más que el cierre definitivo del “mítico” Astillero. La nueva era del capitalismo no perdonaba a nadie, tampoco a sus fieles discípulos. Mientras tanto, el abyecto Walesa, ya liberado de sus funciones productivas por sus amos, y encumbrado como ultraderechista de “prestigio” en Europa y EEUU, no sabía donde meterse. El pueblo trabajador polaco, y más concretamente los cada vez más diezmados obreros del Gdansk, empezaban a mirarlo con desprecio, a mirarlo como a ese mercenario oportunista que siempre fue, al tiempo que agonizaban lentamente. El “paraíso” se desvanecía, mientras las bellas palabras del antaño querido Lech, sonaban cada vez con más fuerza como infames calumnias, portadoras de la desgracia más absoluta  para la bella ciudad costera de Gdansk.

Con miles y miles de despidos, el Astillero pudo ser aguantado a duras penas por las subvenciones extranjeras. Desde que en 2004 Polonia entró en la UE, Bruselas desvió más de 50 millones de € en subvenciones directas para tratar de retrasar lo que a todas luces era un hecho objetivo confirmado; el fracaso total del régimen capitalista polaco, simbolizado en el cierre de su símbolo “libertario”, que fue nacionalizado ese mismo año para facilitar el ingreso de las subvenciones europeas y evitar así un conflicto “inoportuno e indeseable”.

Pero en 2007, la Comisión Europea llegó al límite, y amenazó a Polonia mediante un ultimátum que sonaba al Hampa del Chicago de los años 20 del pasado siglo; o se cerraba definitivamente el moribundo Gdansk (ya con menos de 3.000 obreros, de los más de 20.000 con los que contaba en 1989), o el Gobierno semifascista polaco debería devolver a la Comisión europea, de forma inmediata, el monto total de subvenciones recibidas; es decir, más de 50 millones de €.
Pawel Poncyliusz, Viceministro de Economía de Polonia en 2007, presentó un proyecto de “reconversión” limitado, que no satisfacía a Bruselas. Defendió la postura del Gobierno burgués polaco diciendo que; “si cedemos a los requerimientos de la Unión Europea y dejamos sólo un dique, para el 2010 la planta de Gdansk no sería más que un diminuto negocio, dejaría de ser un astillero”. A lo que la vocera de la Comisión Europea, Amalia Torres, aseguraba, cínica y desvergonzadamente que; “lo que la comisión quiere ver, no es un astillero de Gdansk cerrado, sino una reestructuración de largo alcance y genuina de la compañía que asegure su viabilidad en el largo plazo”.

Y a todo esto; ¿dónde quedó Solidarnosc? ¿Y Walesa?...desaparecidos en combate, y no era para menos.

El 30/04 de 2009, un cable procedente de las Agencias internacionales, abría con el siguiente titular; “Una protesta de Astilleros deja 15 heridos en Polonia”. La historia, como diría un sabio, “es muy perra”.  

 Transcribimos el cuerpo de la noticia, pues no tiene desperdicio;

Cinco policías y diez obreros resultaron heridos, dos de ellos de gravedad, en la protesta que los trabajadores de los astilleros polacos de Gdansk protagonizaron hoy a las puertas del Palacio de la Cultura de Varsovia, donde se celebra el congreso del Partido Popular Europeo (PPE).”

“Los manifestantes, alrededor de 1.500, que ondeaban banderas con la palabra "Solidarnosc", nombre del histórico sindicato anticomunista fundado en 1980 por Lech Walesa, se concentraron rodeados de un fuerte dispositivo policial para exigir una solución que evite el desmantelamiento de estos históricos astilleros, mientras a escasos metros se reunían los líderes de la centro-derecha europea. Walesa no estaba presente en el momento de la protesta, pero clausurará hoy la reunión del PPE.”

“La concentración derivó en un enfrentamiento entre los trabajadores y las fuerzas del orden, que se saldó con los 15 heridos, según informaron medios locales, entre ellos dos obreros hospitalizados en estado grave. Hubo también protestas de Solidarnosc en frente de la sede de la Comisión Europea en Bruselas.”

“Para el presidente de la Comisión, José Barroso, quien se encuentra en Varsovia para participar en el congreso PPE previo a las próximas elecciones al Parlamento Europeo, la difícil situación que viven estas instalaciones se debe en gran parte a la lentitud del gobierno polaco para encontrar una salida a los problemas de su industria naval. "Se podría haber actuado más rápido, con más efectividad, llevando a cabo antes el proceso de reestructuración (de los astilleros)", explicó Barroso a la radio pública polaca.”

“En la reunión del PPE, que adoptará hoy un manifiesto para las elecciones europeas, participarán también la primera ministra de Ucrania, Yulia Tymoshenko, el presidente georgiano Saakashvili y líderes de la oposición de Belorrusia y Moldavia.”

 

En fin, que a 20 años de las histéricas protestas del Lenin, teledirigidas desde remotos lugares, a 20 años  de la caída de la RPP, las cosas ya empiezan a verse bien claritas. Estos  20 años de sobredosis  capitalista, por vía intravenosa y sin anestesia, han acabado de esta forma tan trágica y a la par patética; 1.500 “supervivientes” del Gdansk, portando pancartas de Solidarnosc, exigiendo carga de trabajo y reclamando el fin del desmantelamiento del Astillero polaco. Reclamándoselo a una organización ultraderechista como el PPE, enemigo de clase declarado. Y Walesa, nuevamente, desaparecido.

Vosotros, obreros del Gdansk, propiciasteis esta situación, por pura ignorancia o con conocimiento de causa. Os dejasteis manipular, como torpes marionetas, por el anticomunismo más repugnante. Ahora tenéis vuestro premio; paro, miseria, hambre, privatización…es el fin del “comunismo”, ¡felicidades! Es el fin de vuestro futuro y el de vuestros hijos, ¿es eso es lo que queríais? Eso ya no importa.

Los comunistas, los obreros revolucionarios, no podemos ni debemos compadecernos  por vosotros. Por activa o por pasiva, habéis sido pilares básicos del anticomunismo militante, os pusisteis al servicio de la burguesía y ahora es la propia clase dominante la que os devuelve la jugada con una contundente patada a vuestros santos y católicos traseros. Roma no paga a traidores. No lloraremos por vosotros.

Esta es, sin duda, una de las más claras lecciones que la historia ha regalado al proletariado y al movimiento comunista internacional.

Aprendamos de nuestros errores, para no volver a cometerlos jamás. El anticomunismo, venga montado en tanque (nazismo) o venga montado bajo la fachada de oscuras organizaciones (Solidarnosc), siempre deparará lo mismo a los sufridos esclavos asalariados; paro, miseria, precariedad, muerte y enfermedad.

Obreros “supervivientes” del Gdansk, gritad fuerte con nosotros; ¡Viva el mal, viva el capital! 

¡Viva la heroica lucha de los comunistas polacos!
¡Muerte a los traidores, cobardes y vendidos!