La actualidad de Catalunya es el resultado de la dinámica política y económica que imprimen las contradicciones que se originan por la naturaleza de clase del Estado español. Mientras el capital financiero y la gran burguesía monopolista catalanas, integradas como partes del capitalismo monopolista de estado, ejercen a través de los mecanismos coercitivos de éste su política expansionista y mientras se enfrentan a las grandes burguesías y capitales financieros del País Vasco y Madrid, en disputa por el mercado español, las burguesías no monopolistas catalanas exteriorizan intereses contrarios a los monopolios estatales.
Las contradicciones interburguesas en Catalunya, además de dilucidarse por su medio natural, es decir, por los avatares del mercado, se supeditan, también, al arbitraje de los parlamentos estatal y nacional, a los que se someten para evitar los riesgos de desgastes que podía ocasionar un combate frontal, sin que por el momento aparezcan indicios de que el citado enfrentamiento pueda tomar un cariz extraparlamentario y violento, si no es bajo la fórmula de la corrupción, a la que recurren ambas, y que la banca catalana ha elevado a la categoría de arte, para saldar a su favor la pugna que se libra en el mercado, llegando si lo creen oportuno, a través de este procedimiento, a la ruptura descarada de las reglas del juego establecidas por ellas mismas. A este único cometido se ve relegado el parlamento autonómico, desde que España ingresó en la UE.
En lo que concierne a la lucha de clases (capital-trabajo) se imponen las instituciones europeas, donde se adoptan las medidas que son calculadas para favorecer los intereses de la gran burguesía continental, en detrimento de las clases trabajadoras y pequeñas burguesías. En este sentido, el parlamento autonómico actúa de subordinado al europeo y al calor del mismo se activa como freno de las reivindicaciones populares, dando al traste con las teorías de los reformistas y de los falsos marxistas-leninistas, que creen encontrar en el parlamentarismo burgués, el medio más eficaz e incluso el único, para canalizar el curso revolucionario de las clases populares.
Alrededor de la contradicción imperialista-nacionalista, gira todo el discurrir de la política de una serie de partidos que sirven a la gran burguesía catalana (PSC-CiU), a la gran burguesía española (PPC), y a la numerosa pequeña burguesía urbana fundamentalmente (ERC-ICV-EUiA), que separados por matices de formas, espejean a la opinión pública los intereses de cada una de estas burguesías.
Existe un número extraordinario de pequeñas y medianas burguesías en la ciudad y en el campo, que orbitan en torno a los efectos corrosivos de los precios monopolistas y que, además, son dianas fáciles de la acción depredadora de la banca, así como de una presión fiscal procedentes del gobierno de turno, administrador de los intereses de la gran burguesía, que las obliga a plantearse día a día la lucha por la supervivencia.
Sin embargo, la contradicción fundamental de la sociedad catalana se concreta en la colisión de intereses entre el capital y el trabajo frente a la que se reclinan las demás contradicciones. La lucha de clases en Catalunya posee connotaciones internacionales, en tanto, que la gran burguesía se halla entrelazada mas allá del ámbito estatal con otras burguesías enraizadas allende nuestras fronteras, cuyos intereses son administrados por las instituciones internacionales, fundamentalmente por las de la UE.
La necesidad de un cambio estructural de la economía catalana no es mas que el reflejo de la contradicción que existe entre las relaciones de producción y las relaciones de distribución y consumo interiores y el carácter internacional que reviste la economía contemporánea. Pues, siendo la clase obrera la más numerosa y la que aporta mayor valor al producto interior bruto y a las riquezas originadas en la sociedad catalana, es sin embargo y con gran diferencia la que menos recibe, y la que soporta en mayor grado todas las carencias sociales: paro, carestía de vida, asfixia económica (hipotecas desorbitadas, préstamos, etc.) y es la que sufre las consecuencias del egoísmo desaforado de las multinacionales.
Las clases trabajadoras catalanas pueden verse envueltas a medio plazo, en la situación mas grave de su historia moderna, por efectos de la táctica de repliegue de determinadas multinacionales.
Actualmente, y según un informe de Agosto de 2006 de UGT, el 18% de catalanes (1.240.000 catalanes), vive en una situación de riesgo de pobreza (menos de 540 euros mensuales), incidiendo dicha pobreza fundamentalmente en mujeres, familias monoparentales, jubilados y obreros no cualificados. Obviamente la distribución de la riqueza, no sólo sobre la clase obrera, sino también sobre dichos colectivos doblemente explotados, no hace más que reflejar la sólida estructura clasista del régimen capitalista en Catalunya.
La lucha por el mercado entre los tres imperios (EE.UU. Japón y Europa), es solventada, especialmente por Japón, por la táctica del desplazamiento de sus empresas ubicadas en zonas donde el mercado está saturado u ofrecen dificultades para su expansión, hacia lugares en los que el mercado presenta lagunas vírgenes o se encuentran en vías de desarrollo, con el propósito de asentarse en los mismos en condiciones inmejorables que le permita acotar las posibilidades de sus competidores.
Varias decenas de empresas situadas en Catalunya corren el riesgo de ser reubicadas en lugares extraños a nuestra economía nacional. Los perjudicados serán como siempre los trabajadores, que una vez mas serán empujados al abismo del paro. VALEO, LEAR, HP, PHILLIPS, y un largo etcétera ya han dado muestras de lo que el imperialismo multinacional ofrece al obrero catalán, cuando puede optar por “asalariar” a nuevos esclavos en otras tierras para “maximizar beneficios”.
El proceso de desindustrialización que se está dando en Catalunya, no transcurre sin la presencia de una impactante carga ideológica reaccionaria, que se esfuerza en justificar el rumbo tomado por las multinacionales por motivos del alto coste de los salarios de los trabajadores. En esta labor se conjugan políticas dispares, pero coincidentes en el objetivo. Desde la presión política que ejercen las multinacionales a la Generalitat, pasando por la inoperancia de las instituciones “democráticas” (parlamento catalán y español, Generalitat y gobierno del estado) incapaces de frenar un proceso tan lesivo para los intereses nacionales, hasta los sindicatos que con su actitud conformista confieren su anuencia a las prácticas impositoras de las multinacionales.
El motivo no se encuentra en los salarios, como sustenta la apología capitalista y los reformistas, sino en el interés por parte del imperialista de situarse en mejores condiciones que sus adversarios para acaparar mas mercado. El desplazamiento de las empresas tiene su origen en los vaticinios económicos que presagian el agravamiento de la crisis de la economía española y catalana, por varias causas convergentes y que afectará de manera extraordinaria al consumo interno en Catalunya, apretado ya por la carestía de vida (hipotecas, entre otras) y la correspondiente pérdida del poder adquisitivo de los salarios. Las causas están, pues, en el sistema del capitalismo monopolista de estado español y en su vínculo con el imperialismo europeo.
A lo que hay que añadir el fenómeno de nuestro tiempo con mayor incidencia en la economía de los países desarrollados, tal es la inmigración que patentiza las causas de un mercado de fuerza de trabajo inhumano.
Es difícil evaluar exactamente la incidencia que tiene la economía sumergida en el conjunto de la economía nacional, pero si hacemos caso a las estimaciones que se realizan en el plano estatal, la media oscila entre el 20% y el 25%, que poco a poco está siendo abastecida por mano de obra inmigrante.
El resultado es la presencia tolerada, de un contingente “ilegal” de trabajadores extranjeros (250.000, más trabajadores de origen español y catalán empleados en la economía sumergida) que sacian de una manera directa las apetencias inagotables de la pequeña y mediana burguesía, que por efectos del entrelazamiento, repercute favorablemente, a la vez, por la vía de la imposición de precios, en los grandes almacenes y en determinadas empresas industriales, que reciben indirectamente los favores de unos salarios de esclavos desprovistos de la Seguridad Social.
La inmigración masiva es motivo de especulación de los sucesivos gobiernos centrales, que en apariencias muestran su preocupación por solucionar el problema, mientras que en la práctica no instrumentaliza su resolución, porque la inmigración ofrece pingüe beneficios a las arcas empresariales y simultáneamente, porque engrosan las gruesas filas del ejército flotante de trabajadores, que es utilizado para frenar las luchas por mejorar sus condiciones de vida de los obreros autóctonos y de los inmigrantes ya integrados oficialmente.
EL NACIONALISMO CATALAN
Detrás del nacionalismo catalán se ocultan un sin fin de esfuerzos por soslayar la realidad socioeconómica. Siendo como es un concepto burgués, el nacionalismo no ha dado un solo paso hacia adelante en la consecución del derecho a la autodeterminación; sin embargo, las experiencias parlamentarias de las últimas décadas nos dicen que la gran burguesía catalana posee un gran peso específico en los planteamientos políticos y económicos del estado español, gracias al uso que hace del nacionalismo, en términos puramente formal y verbal en momentos claves que le proporciona la cantidad de votos precisos para que su representante el nacionalismo político (CIU) y la ambigua derecha (PSC-PSOE) manipulen y presionen sobre el gobierno central.
Después de llegar al convencimiento de que la gran burguesía catalana está unida económica y políticamente con otras burguesías foráneas, carece de sentido interpretar que ésta desea independizarse del estado español al que pertenece y del que extrae suculentos provechos. Por el contrario, utilizando como bandera el nacionalismo, en momentos concretos, promueve políticas y actitudes del gobierno del estado que favorece su consolidación en Cataluña y le permite obtener una situación en condiciones óptimas para competir con sus adversarios madrileños y vascos.
Formalmente, la burguesía no monopolista y las pequeñas y medianas burguesías catalanas se aferran también al nacionalismo como un espléndido acicate para su desarrollo; aunque, su camino se ve obstaculizado por el poderío económico y político de la gran burguesía monopolista, que las mantiene en los límites justos que no le suponga a ésta ningún peligro para su competitividad y mucho menos para su existencia. (Recorte estatutario, negativa a la OPA de Gas Natural, no transferencia del aeropuerto de El Prat...)
De todas formas, el nacionalismo burgués, se cimienta sobre la base de la psicología nacionalista que reina en el pueblo, en el conjunto de las clases populares. Un partido revolucionario que se precie en Catalunya no puede desdeñar el elemento nacionalista de la pequeña burguesía (de 2 a 20 trabajadores) y de la mediana empresa (de 21 a 200 trabajadores), de las que emanan el 68% de los puestos de trabajo, (19% y 49% respectivamente) y que en términos más o menos idénticos inciden en el conjunto de la economía autónoma.
Un partido revolucionario en Catalunya, si no quiere verse atrapado por las redes que tiende el nacionalismo chovinista y reaccionario, ha de ser esencialmente internacionalista y solidario con los trabajadores del estado español y con los trabajadores del mundo, pues toda lucha de clases en el mundo contemporáneo adquiere carácter universal.
Conjugar y ensamblar las peculiaridades de las luchas de clases de Catalunya con las del estado español, significa no desmerecer la sociedad catalana tal como es, y con la existencia de la lucha de clases antagónicas.
Como dice el catedrático y ortodoxo socialdemócrata Vicenç Navarro;
“En Cataluña, entre el 30% y el 35% de renta superior del país (burguesía, pequeña burguesía y clase media profesional de renta alta) tiene un enorme poder para configurar la cultura mediática y política del país y su sabiduría convencional (incluyendo, por cierto, esta visión de que somos una sociedad de clases medias). Debido en gran parte a la enorme influencia de estos sectores, los temas identitarios absorben un gran espacio mediático y político. Casi toda la realidad es vista y evaluada bajo el prisma identitario. Desde la Constitución europea (cuya bondad se evalúa casi exclusivamente en el reconocimiento o no del catalán) hasta el considerable subdesarrollo del Estado de bienestar (que se explica exclusivamente por la existencia del déficit fiscal con España), casi todo se analiza de acuerdo con el criterio nacionalista (llámese éste como se llame).”
En este sentido, el PCOC se diferencia cualitativamente de los partidos que aún reclamándose del marxismo-leninismo, soslayan las especificidades nacionales, sustrayéndose de una realidad que determina las tácticas de alianzas encaminadas a aniquilar el poder de los monopolios del estado.
Asimismo el PCOC se deslinda de aquellas otras fuerzas también “marxistas” que ensimismadas en tales particularidades se olvidan que el enemigo principal de las clases trabajadoras y del nacionalismo pequeño burgués catalán, es el capitalismo monopolista de estado que obliga para su aniquilación a internacionalizar la lucha en todo el estado. Es una realidad constatada que las corrientes “marxistas” que se desvían hacia el nacionalismo burgués mueren presas de la ideología capitalista y de su propia conducta chovinista.
POR LA REPUBLICA DEMOCRÁTICA Y POPULAR (DICTADURA DEL PROLETARIADO)
El proceso de transformación de la dictadura franquista a la democracia burguesa estuvo dirigido por el capitalismo monopolista de estado, quien ha controlado y limitado en todo instante el transcurrir de los acontecimientos a la adecuación de las instituciones jurídicos políticas, en consonancia con las estructuras económicas capitalistas precisas para su integración en la UE. Todas las instituciones centrales y autonómicas se han fabricado para atender a las necesidades de la gran burguesía.
Desde el primer momento de la presente “democracia”, el nacionalismo burgués representado por CIU, ha tomado en sus manos las riendas de la construcción de la nueva sociedad autónoma, en un proceso oscuro, que arranca desde el franquismo salpicado de corrupción. No podemos olvidar la estrecha ligazón del presidente Jordi Pujol con la banca Catalana, envuelta en negocios inconfesables, de cuyo trance salió airosa, por virtud de la justicia española a todas luces clasista y defensora a ultranza del poder establecido por los monopolios.
La autonomía para Catalunya, su parlamento y la Generalitat son instrumentos de la burguesía por donde desliza su política e ideología y a través de los recursos y vericuetos que les proporciona, establecen sus criterios económicos, a la vez que la faculta para llevar a cabo su función de delegada de las instituciones europeas.
El resultado del proceso de adaptación de las grandes burguesías y monopolios catalanes a las exigencias del mercado europeo, ha sido la conformación de un sistema económico característico de la época del imperialismo en la que vivimos.
De un lado, las oligarquías fusionadas con el estado español detentan además del poder económico, los mecanismos represivos del estado con los que se imponen a las demás clases. De otra parte, las clases trabajadoras, pequeñas y medianas empresas, capas de profesionales, autónomos etc, sufridoras todas de las políticas monopolísticas e imperialistas, se han visto en el decurso de estos años obligadas a sendas modificaciones estructurales. De una población activa de 2.356,300 trabajadores, el 9,6% (por debajo del 11,8% de la media estatal) se encuentran en paro, afectando en la mujer en un 5% más que en el hombre.
Pese a las transformaciones sufridas, la clase obrera comprendida en la industria y en la construcción, mantiene un volumen alto (38,30%). Pero a raíz de que la UE haya adjudicado al conjunto de la clase obrera del estado español, el papel de productora de zonas de recreos y de ocios, para el disfrute de los trabajadores del continente, el sector servicio ha ido en aumento a costa de la agricultura (0,97%) y de la industria-construcción. De todas formas, representa el 60% de la población activa de Catalunya, muy inferior a otras comunidades (Andalucía, 67,5%).
Por esta razón, las alternativas al sistema imperante que no contemplen las estructuras clasistas de la sociedad catalana, se convierten a la postre, en una de las variantes que suele emplear el capitalismo monopolista de estado para consolidar su perpetuación como sistema y como gran clase burguesa.
Según un Informe de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, referenciado por el mismo profesor Navarro;
“un burgués en Cataluña tiene, como promedio, una esperanza de vida 10 años mayor que la de un trabajador no cualificado en paro, siendo ésta una de las mortalidades diferenciales por clase social más altas de la Unión Europea de los Quince”
Y no sólo la estructura sanitaria del régimen capitalista catalán es ferozmente clasista, pues si miramos cifras a nivel educativo encontramos lo siguiente, citando de nuevo al doctor Navarro;
“De acuerdo con el informe PISA de la OCDE, en matemáticas, comprensión de lectura y otras dimensiones del quehacer educativo estamos muy por detrás del resto de la UE de los Quince. Una causa mayor es que entre el 30% y el 35% de la población de Cataluña de renta alta envía a sus hijos a las escuelas privadas, mientras que sectores de la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares envían a sus hijos a las escuelas públicas. Las primeras reciben los subsidios públicos más altos de España, mientras que las escuelas públicas tienen uno de los gastos públicos por alumno más bajos del país.”
El Informe PISA también confirma que tanto Cataluña como el resto de España están entre las zonas en las que la clase social de los padres condiciona en mayor grado el nivel educativo de los estudiantes.
Frente a la democracia burguesa en sus dos frentes, estatal y autónoma el PCOC opone el siguiente programa de medidas:
- Aplicación del Derecho a la autodeterminación
- Integración en el estado de los pueblos españoles
- La concepción del estado se materializará en una Republica Democrática y Popular
- Elaboración de la Constitución estatal reguladora de los cambios sociales y políticos que devengan del carácter antimonopolista de la nueva sociedad
- Puesta en práctica de medidas de protección y desarrollo de la cultura autóctona de Catalunya
- Legalización del catalán y demás lenguas vernáculas, junto con el castellano, como lenguas oficiales del estado español y de su Administración, expresión del estado plurinacional.
- Nacionalización de los monopolios, multinacionales y gran empresa y demás con incidencia en los sectores básicos de producción
- Planificación democrática de la economía
- Política internacional democrática, a favor de la paz y en contra de los imperialismos
FRENTE UNICO DEL PUEBLO
La aniquilación del poder económico y político de los monopolios (capitalismo monopolista de estado) requiere en primera instancia la conjunción de las clases sociales lesionadas por dicho poder, en un proceso revolucionario vía ininterrumpida hacia el socialismo.
La clase obrera, por ser la más moderna, la más numerosa y la mejor organizada se erige en fuerza motriz de la revolución antimonopolista y socialista, pero no es la única interesada en liberarse de las garras de las multinacionales y monopolios. Sabia y consecuente con el caudal de energías contenidas en el conjunto de las clases populares, que les mueven el mismo interés, la clase obrera les tiende la mano para emprender juntos el camino.
Dado el carácter revolucionario de las clases trabajadoras y la profesión democrática que embarga a sus aliados, el PCOC, estima que el denominado frente se correlaciona perfectamente con el nombre de FRENTE UNICO DEL PUEBLO.
Formas de luchas del Frente Único del Pueblo
Tradicionalmente, el Movimiento Comunista, viene defendiendo la utilización de los diferentes tipos de luchas; la parlamentaria y la extraparlamentaria, la legal y la clandestina, la pacífica y la violenta. Cada momento, cada circunstancia señalan con sus condiciones dadas los instrumentos que se deben emplear.
La existencia de la URSS y la “posibilidad” de acceder al socialismo por la “vía pacífica”, hizo que durante un período prolongado de tiempo una serie de partidos fueran prefiriendo el uso de la vía pacífica en exclusiva. Sus consecuencias se tradujeron en la práctica primero, y después, teóricamente, también, en el abandono de la revolución violenta. Mas tarde, fueron excluyendo aquellos caminos inherentes a ese determinado “tipo de revolución”: extraparlamentarismo, clandestinidad, violencia, etc. Finalmente, para resolver la contradicción entre revolución teórica y abandono de la lucha violenta, abjuraron de los principios marxistas-leninistas en diferentes grados y formas, pese a que muchos de ellos aún conservan en sus programas la coletilla marxista-leninista.
La historia es rica en experiencias todas ellas con sabor amargo, de intentos (defenestrados por la reacción) de utilización del parlamento burgués. En España, Chile, Portugal, Nicaragua, los cambios estructurales se vieron truncados por el ejercicio democrático burgués (violencia, elecciones, guerra, golpe de estado), demostrándonos la diversidad de formas que adopta la burguesía para frenar todo proceso revolucionario iniciado sin la destrucción del estado burgués y de sus instituciones, no solo represivas, sino también, parlamentarias y administrativas.
Anteriormente, hemos visto que los intereses nacionales y de clases de Catalunya, se resuelven en instituciones internacionales, (UE) y mas que en la instituciones, las medidas son concretadas por tecnócratas empleados por la gran burguesía. De esta manera, tanto los parlamentos europeos, como el estatal español y el autónomo, pierden gran parte de sus facultades y de sus fuerzas.
No es posible, aunque ese fuese nuestro deseo, utilizar el parlamento, mas allá de una especie de tribuna de denuncias para despertar a las masas atrasadas, acerca del carácter reaccionario de dicha institución burguesa, de no ser que todo el contenido revolucionario del programa, sea una falacia y un inescrupuloso cebo para captar la atención del pueblo con el repugnante fin de traicionarlo.
Además el PCOC, toma nota de la etapa actual del imperialismo, en la que los estados mas poderosos se yerguen en armas como garantes del sistema capitalista mundial sobre países, que ni siquiera acarician la idea de tomar medidas socializantes, sino que se guían por el anhelo de alcanzar su independencia económica por la vía capitalista. Tales países son masacrados en nombre de la libertad y en el de la democracia. En el cumplimiento de sus metas, las llamadas instituciones internacionales democráticas son abordadas, utilizadas o ajadas según las necesidades de los imperialistas.
No podemos pues, esperar de los imperialismos implantados por la fuerza de las armas, una contemplación estoica de un posible proceso revolucionario en el estado español, máxime cuando éste está encuadrado en Europa y es complaciente con los intereses de los imperialismos europeo y norteamericano.
El PCOC se propone contar siempre la verdad a las clases trabajadoras catalanas y por supuesto, tratará en consonancia con la realidad que le circunda, dotar al Frente Único del Pueblo de la actividad comprendida en los diferentes tipos de luchas que los avatares le obliguen. |
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